agosto 04, 2012

para encontrar el origen de Egipto hay que mirar hacia las estrellas.





El Papiro de Turín o Canon real de Turín, es un papiro fragmentado con una lista de reyes que se conserva en el Museo Egipcio de Turín (Italia) y que fue propiedad del rey de Cerdeña. Hace 1,70 m de largo y 0,40 m de ancho y da además del nombre de los faraones el periodo exacto de muchos reinados. Hay mencionados más de 300 reyes desde dioses y semidioses hasta la dinastía XVII, y fue escrito en tiempo de Ramsés II verso el 1200 aC, pero no se saben las fuentes ni la finalidad. 

El papiro fue descubierto por el explorador italiano Bernardino Drovetti en 1822, en las cercanías de Luxor. Estaba prácticamente intacto, pero cuando el rey de Cerdeña lo donó a la colección del Museo Egipcio de Turín ya estaba muy fragmentado, debido a las malas condiciones de su traslado a Italia.El documento en cuestión contiene un completo listado de los gobernantes predinásticos del país del Nilo, e incide en el tiempo que rigieron los "compañeros de Horus" o Shemsu-Hor. Un trozo del papiro cita: Los Akhu, Shemsu-Hor, 13420 años; reinados antes de los Shemsu-Hor, 23. 000; total, 36620 años. El término Akhu significa "brillantes", "seres transfigurados" o "espíritus astrales". Indicando que para encontrar el origen de Egipto hay que mirar hacia las estrellas.



En 1939, sir Flinders Petrie, tras setenta años de investigación arqueológica en Egipto, opinaba que esta civilización no se había originado en el Valle del Nilo, sino que había llegado de otro lugar, y se había aclimatado a sus características climáticas y geográficas.Petrie postulaba fundamentalmente que todas las influencias del mundo antiguo procedían de Mesopotamia, y le resultaba impensable imaginar que la cultura egipcia hubiese tenido su germen en el propio Egipto o ni siquiera en África, ya que consideraba este continente ridículamente primitivo para que pudiese generar ningún tipo de civilización avanzada. Este pensamiento racista marcó los estudios egiptológicos posteriores y hasta hace relativamente poco se seguía cayendo en ese error.
Contrariamente a lo que sucedió en cualquier otra cultura del planeta, en el caso egipcio su período de máximo esplendor debemos situarlo en sus primeros momentos de existencia. Da la sensación que cuanto más retrocedamos en antigüedad hacia el origen del arte egipcio, más perfectos son sus resultados. Como si su época dorada se hubiera formado de golpe. Durante el primer siglo de trabajos del Imperio Antiguo, sólo para la construcción de las pirámides de Gizeh se movilizó más piedra que la empleada en los edificios del Imperio Nuevo, el período tardío y del período ptolemaico juntos. 




Ante este razonamiento, John Anthony West afirma que la civilización egipcia no fue un desarrollo, sino una herencia.En cierta medida las discusiones acerca del origen de Egipto no es que hayan vivido de espaldas al registro arqueológico del país, es que ni siquiera han tomado en cuenta los textos egipcios en los que se habla acerca de su origen y su fundación.

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