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noviembre 22, 2014

Los científicos proponen ahora que realmente existen universos paralelos, y que éstos interactúan.

por Howard Wiseman
Fuente: Universidad de Griffith 

30 Octubre 2014

del Sitio Web ScienceDaily
traducción de Adela Kaufmann






Los académicos están desafiando los fundamentos de la ciencia cuántica
con una nueva y radical teoría sobre universos paralelos.
Los científicos proponen ahora
que realmente existen universos paralelos,
y que éstos interactúan.
Ellos muestran que tal interacción
podría explicar todo lo que es extraño
acerca de la mecánica cuántica.





El profesor Howard Wiseman,

. Director del Centro de la Universidad Griffith de Dinámica Cuántica 

Crédito: Universidad de Griffith



Académicos de la Universidad de Griffith están desafiando los fundamentos de la ciencia cuántica con una nueva teoría radical basada en la existencia de, y las interacciones entre, universos paralelos. 


En un artículo publicado en la revista Physical Review X (Quantum Phenomena Modeled by Interactions between Many Classical Worlds), el profesor Howard Wiseman y el Dr. Michael Hall del Centro de Griffith de Dinámica Cuántica, y el Dr. Dirk-Andre Deckert de la Universidad de California, toman mundos paralelos interactuando fuera del reino de la ciencia ficción y en el de la ciencia dura. 


El equipo propone que los universos paralelos realmente existen, y que interactúan.

Es decir, en lugar de evolucionar de forma independiente, los mundos cercanos se influyen entre sí por una fuerza sutil de repulsión. Ellos muestran que tal interacción podría explicar todo lo que es extraño acerca de la mecánica quántica


Se necesita la teoría cuántica para explicar cómo funciona el universo a escala microscópica, y se cree que esto aplica a toda la materia. Pero es muy difícil de comprender, exhibiendo fenómenos extraños que parecen violar las leyes de causa y efecto. 

Como el eminente físico teórico americano Richard Feynman señaló una vez: 

"Creo que puedo decir con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica."
Sin embargo, el enfoque de los "Muchos Mundos Interactuando" desarrollado en la Universidad de Griffith ofrece una perspectiva nueva y atrevida en este desconcertante campo.
"La idea de universos paralelos en la mecánica cuántica ha estado por allí desde 1957," dice el profesor Wiseman. 


"En los bien conocidos 'Universos paralelos', cada universidad se ramifica en un puñado de nuevos universos cada vez que se hace una medición cuántica. Por lo tanto, todas las posibilidades son consideradas - en algunos universos el asteroide que mató a los dinosaurios nunca golpeó la Tierra En otros, Australia fue colonizada por los portugueses.

"Pero los críticos cuestionan la realidad de estos otros universos, ya que no influyen en el nuestro universo en absoluto. En este respecto, nuestro enfoque 'Muchos Mundos Interactuando' es completamente diferente, como su nombre lo indica ".
El profesor Wiseman y sus colegas proponen que:
  • El universo que experimentamos es sólo uno de un número gigantesco de mundos. Algunos son casi idénticos al nuestro mientras que la mayoría son muy diferentes
  • Todos estos mundos son igualmente reales, existen de forma continua a través del tiempo, y poseen propiedades que se definen con precisión
  • Todos los fenómenos cuánticos surgen de una fuerza universal de repulsión entre mundos ‘cercanos’ (es decir, similares) que tienden a hacerlos más disímiles
El Dr. Hall dice que la teoría "Muchos Mundos Interactuando" puede incluso crear la extraordinaria posibilidad de probar la existencia de otros mundos.
"La belleza de nuestro enfoque es que si hay un solo mundo, nuestra teoría se reduce a la mecánica newtoniana, mientras que si hay un número gigantesco de mundos, reproduce la mecánica cuántica", dice.


"En el medio predice algo nuevo que no es ni la teoría de Newton ni la teoría cuántica.

"También creemos que, al suministrar una nueva imagen mental de los efectos cuánticos, ésta será útil en los experimentos de planificación para probar y explotar los fenómenos cuánticos."
La capacidad a la aproximación de la evolución cuántica utilizando un número finito de mundos podría tener ramificaciones significativas en la dinámica molecular, lo cual es importante para la comprensión de las reacciones químicas y la acción de los fármacos. 


El profesor Bill PoirierDistinguido Profesor de Química de la Universidad Tecnológica de Texas, ha observado:

"Estas son grandes ideas, no sólo conceptualmente, sino también con respecto a los nuevos avances numéricos que con toda seguridad engendrarán."



Historia de Fuente de la Historia

La historia anterior está basada en los materiales proporcionados por la Universidad Griffith. 


Diario de Referencia
Michael J. W. Hall, Dirk-André Deckert, Howard M. Wiseman. Quantum Phenomena Modeled by Interactions between Many Classical WorldsPhysical Review X, 2014; 4 (4) DOI: 10.1103 / PhysRevX.4.041013

 www.bibliotecapleyades.net

mayo 03, 2014

No known hominin species matches the expected dental morphology of the last common ancestor of Neanderthals and modern humans






Un trabajo que se publcó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) establece que la búsqueda del ancestro común de los humanos modernos y los neandertales que vivieron en Europa hace miles de años aún no se ha completado, y presenta evidencias de que las líneas que dieron lugar a las dos especies se separaron hace casi un millón de años, mucho antes de lo que sugieren los estudios basados en evidencias moleculares.


En este estudio, titulado “No known hominin species matches the expected dental morphology of the last common ancestor of Neanderthals and modern humans”, fruto de la colaboración de un equipo internacional de científicos, se utilizan métodos cuantitativos centrados en la forma de los fósiles dentales de 13 especies de homínidos, lo que ha permitido observar que ninguno de los candidatos se ajusta al perfil esperado en el antepasado de neandertales y 'sapiens'.“Nuestros resultados llaman la atención sobre la gran discrepancia que existe entre las estimaciones moleculares y paleontológicas del momento en el que se separaron ambas especies”, explica Aida Gómez-Robles , primera autora del artículo que actualmente trabaja en el Center for the Advanced Study of Hominid Paleobiology de George Washington University (EE.UU.).“Estas diferencias no pueden ser ignoradas, sino que es necesario encontrar una forma de conciliarlas”, continua diciendo esta investigadora que realizó su tesis doctoral en la Universidad de Granada y en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), donde trabajó con José María Bermúdez de Castro, quien es también autor del artículo junto con Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell, codirectores de las excavaciones en los yacimientos de Atapuerca, además de David Polly (derecha), profesor del Departamento de Ciencias Geológicas de Indiana University (EE.UU.), donde Aida Gómez-Robles inició este estudio durante una estancia investigadora.Para llegar a esta conclusión de que ninguna de las especies candidatas, incluyendo Homo heidelbergensis, Homo erectus y Homo antecessor, tiene la forma dental de este ancestro, los investigadores han estudiado unos 1.200 molares y premolares fósiles, muchos de ellos procedentes de Atapuerca, mediante análisis morfométricos y técnicas estadísticas desarrolladas por la bióloga Emilia Martins (izquierda), de Indiana University.

Ancestro africano

El estudio también muestra que las potenciales especies ancestrales descubiertas en Europa son morfológicamente más similares a los neandertales que a los humanos modernos, lo que sugiere que el linaje neandertal apareció hace aproximadamente un millón de años y que la divergencia de este linaje tuvo lugar antes de lo que se pensaba, aproximadamente hace 350.000 años según algunos estudios.

Los métodos cuantitativos y estadísticos proporcionan un medio más exacto para resolver los debates sobre los orígenes humanos que los análisis descriptivos que se han usado en el pasado. Y como se indica en el artículo: “Nuestro primer objetivo es situar las cuestiones sobre la evolución humana en un contexto evaluable y cuantitativo y ofrecer un método objetivo para ordenar debates sobre la filogenia de los homínidos que parecen no tener solución”. Asimismo, se propone aplicar estos métodos al estudio de otras partes esqueléticas representadas en el registro fósil.

enero 17, 2014

LA MUJER A QUIEN JESÚS BESABA 2ª




Aunque no es imposible que fuesen una y la misma, preferiremos dejar abierta la cuestión mientras seguimos profundizando en la descripción de los personajes y los roles de la Magdalena y María de Betania según la Biblia.

Fijémonos en que la idea persistente de que María Magdalena había sido prostituta proviene de la tradicional asociación (o confusión) de su persona con la de María de Betania, descrita como «una pecadora». Naturalmente, si María de Betania fue prostituta y además es la misma persona que María Magdalena, se habría adelantado bastante en cuanto a dilucidar la suma reticencia de los evangelistas y el oscurecimiento deliberado de esa identidad. Tendremos que examinar el personaje de María de Betania para ver qué luz podemos arrojar sobre la cuestión.

En los Evangelios Sinópticos no se nombra a la mujer que ungió a Jesús pero se hace hincapié en que era una pecadora; el Evangelio de Juan la identifica expresamente como María de Betania y no menciona para nada su condición moral. En sí misma esta discrepancia podría juzgarse algo sospechosa.

Lucas prolonga la descripción diciendo «había en la ciudad una mujer pecadora». Aunque la palabra original griega por «pecadora», harmatolos, que significa la persona que ha transgredido y se ha situado a sí misma fuera de la ley, en este contexto no implica necesariamente prostitución, hay otro énfasis que se asocia con la circunstancia de llevar los cabellos sueltos. Cosa que no hacían las señoras respetables y que sí implica algún tipo de pecado sexual, por lo menos a ojos de los evangelistas.12

Así pues, en el contexto de la cultura judía de la época pasaba algo con María de Betania que hacía de ella una impresentable, aunque no se debe entender necesariamente que fuese una prostituta común de las que tenían la calle por escenario de su comercio. (La esencia de nardos se extraía de una planta india muy rara y costosa, y sería de un coste prohibitivo para una simple callejera. Según William E. Phipps el óleo empleado le debió de costar el equivalente al salario de un año para un obrero del campo.)13

Y si supusiéramos que María era la patrona de un próspero burdel, entonces no habría vivido en la casa de su hermano Lázaro y su hermana Marta, a ninguno de los cuales se le atribuye mala reputación de ningún género y que eran evidentemente grandes amigos de Jesús, el cual incluso permaneció algunas veces en dicha casa. Así pues, ¿cuál era la verdadera naturaleza del «pecado»?

La palabra harmatolos se tomó prestada a los arqueros, para quienes significaba fallar el blanco. En el contexto que observamos no significa otra cosa sino la persona que está fuera de la ley judía o de sus observancias rituales, sea que incumple, o sea que no es judío o judía en absoluto.14 Pero si la mujer no era judía en realidad, eso sería suficiente para explicar la actitud de los evangelistas hacia ella. Lo que ha dado lugar a la implicación de que su transgresión había sido de carácter sexual es el detalle de llevar el cabello suelto, y la actitud de los discípulos hacia ella.

Esta noción de impresentabilidad ha alejado la atención, intencionadamente o no, de lo que significa en realidad que Jesús fuese ungido. En ese acto había un punto importantísimo en el que muy pocos se fijan, pese a ser primordial para el cristianismo. Es bien sabido que la palabra «Cristo» deriva del griego Christos, que es a su vez una traducción del hebreo «Mesías».

En contra de la creencia mayoritariamente aceptada, eso no conlleva ninguna implicación de divinidad; Christos significa sencillamente «el Ungido». (Según esta interpretación, casi cualquier funcionario ungido es un «Cristo», desde Poncio Pilato hasta la reina de Inglaterra.) La idea de un Cristo divino es una interpretación a posteriori de los cristianos; el Mesías que esperaban los judíos no era otra cosa sino un gran caudillo político y militar, aunque eso sí, elegido por Dios. En la época la palabra «Mesías» o «Cristo» aplicada a Jesús no habría significado otra cosa sino «el ungido».

Es de observar que según los Evangelios, a Jesús sólo se le ungió una vez. Aunque algunos aducen que esa «unción» fue, en realidad, el bautismo oficiado por Juan, si se admite el argumento resultaría que toda la multitud que iba al Jordán quedó formada por otros tantos «Cristos». Queda el hecho incómodo de que la única persona que «cristianó» a Jesús fue una mujer.

Paradójicamente, nos cuentan (Marcos 14, 9) que Jesús comentó la ceremonia diciendo:
Os aseguro que donde se predique el evangelio, en todo el mundo, se hablará también de lo que ésta ha hecho para recuerdo suyo.
Es curioso. La Iglesia, aun creyendo tradicionalmente que la mujer que ungió fue santa María Magdalena, prefirió ignorar esa voluntad. Considerando el trato condescendiente que ha recibido por lo general la Magdalena desde los púlpitos de todo el mundo, parece que incluso las palabras de Jesús, como todo lo demás del Nuevo Testamento, han debido someterse a un inflexible proceso de selectividad. Que en este ejemplo consiste en no hacer apenas caso de ellas; pero incluso cuando se comenta el episodio reconociéndole el servicio prestado, lo cual sucede pocas veces, guardan silencio sobre lo que implica. 

Sólo dos personas cita el Nuevo Testamento que oficiaron ritos principales de la vida pública de Jesús: Juan, quien le bautizó al principio de su ministerio, y María de Betania, quien le ungió al final. Pero ambos han sido marginados, como venimos viendo, por los autores de los evangelios, como si sólo se les hubiese incluido porque eran demasiado importantes para callar su intervención. Lo cual obedece a una razón principal: el bautismo y la unción implican autoridad por parte de quien oficia. Tanto el que bautiza como el que unge confieren una autoridad — más o menos como el arzobispo de Canterbury confirió la realeza a Isabel II en 1953—, pero es menester que ellos estén investidos de autoridad para que el acto sea válido.

Más adelante abordaremos la cuestión de la autoridad de Juan; pero ahora consideraremos el hecho de que el episodio de la unción haya sido mencionado, que no deja de ser curioso. Pues si el ungir a Jesús hubiese sido un gesto frívolo o desprovisto de sentido, no lo habrían tenido en cuenta. Sin embargo se nos dice que los discípulos y particularmente Judas condenaron la acción de María por gastar un aceite de nardos tan raro y costoso, diciendo que se podía haber invertido el dinero en socorrer a los pobres.

A lo cual replica Jesús que siempre habrá pobres, pero que él no estaría siempre allí (para ser homenajeado de esa manera). Esta respuesta —además de ser bastante contraria a la noción, mantenida por algunos, de que Jesús fuese una especie de protomarxista— no sólo justifica la acción de María sino que implica, en rigor, que sólo él y ella habían comprendido verdaderamente lo que significaba.

A los discípulos varones se les escapan, como de costumbre, los matices más sutiles de ese ritual sumamente significativo, y mantienen su hostilidad ante la acción de María pese a que Jesús se encarga personalmente de corroborar que estaba autorizada a ello. El acontecimiento tiene además otra importancia señalada, porque designa el momento en que Judas pasa a ser traidor: inmediatamente después acude a los sacerdotes para vender a Jesús.

María de Betania «cristianó» a Jesús con el aceite de nardos, ungüento que seguramente guardaba para esa ocasión concreta, y que estaba asociado a los ritos funerarios, tal como el mismo Jesús comenta en Marcos 14, 8: «se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura». Para él al menos, el acto sí tuvo el significado de un rito.

Es evidente que la ceremonia revistió un profundo significado, pero ¿cuál era exactamente su intención? Y teniendo en cuenta la sociedad en que vivían, ¿por qué la oficiaba una mujer? En efecto, si consideramos el sexo y la reputación (tal vez injusta) de la oficiante, no cabe decir que fuese un ritual típico de las costumbres judaicas. Tal vez el «documento Montgomery» puede proporcionar la clave de la verdadera naturaleza de aquella unción.

Como se ha mencionado, ese relato habla del casamiento de Jesús con una Miriam de Bethania descrita como «sacerdotisa de un culto femenino», es decir de una tradición pagana de culto a la diosa. De ser cierto, esto explicaría por qué la unción extrañó tanto a los discípulos, aunque resta la dificultad aparente de saber por qué la toleró Jesús. Pero si ella fue verdaderamente una sacerdotisa pagana, queda aclarado por qué los discípulos la consideraban de moral y carácter dudosos.

Ahora bien, si María de Betania era en realidad una sacerdotisa pagana, ¿por qué ungió a Jesús? Y repitámoslo, pues hace más al caso, ¿por qué lo permitió él? ¿Se puede hallar algún paralelismo entre este ritual y los que comúnmente se asocian con el paganismo de la época? En efecto hay un rito antiguo de una semejanza sorprendente, el que consiste en ungir al rey sagrado. Se fundaba en la idea de que el verdadero rey o sacerdote no recibía la plenitud de sus poderes divinos sino por mediación de la autoridad de la suma sacerdotisa. Tradicionalmente la ceremonia adoptaba la forma de la hieros gamos o nupcias sagradas: el rey-sacerdote se unía a la reina-sacerdotisa. Esa unión sexual con ella le era necesaria para convertirse en rey reconocido. Sin ella, no era nada.

En la vida occidental moderna no hay nada comparable en concepto ni en práctica, y hasta la noción de hieros gamos resulta de muy difícil entendimiento para las gentes de hoy. No tenemos un concepto de sexualidad sagrada, a no ser en ese mundo reservado que es la intimidad de la pareja individual.

En dicho concepto no se trata sólo de sexualidad ni de erotismo por más sublimados que sean: en las nupcias sagradas el hombre y la mujer devienen realmente dioses. La suma sacerdotisa encarna a la misma diosa y ésta concede entonces la suprema bendición de la regeneración del hombre —como en la alquimia—, el cual encarna al dios. Y se creía que esa unión infundía en ellos mismos y en el entorno un bálsamo regenerativo, en tanto que eco real del impulso creador del que nació el planeta.15

La hieros gamos era la expresión más alta de la llamada «prostitución de los templos», que consistía en que el hombre visitaba a una sacerdotisa para recibir la gnosis, o sea participar personalmente de lo divino a través del acto del amor. Dicho ritual se llamaba en realidad de hierodulía, que significa «servicio sagrado»; llamarle «prostitución sagrada», con todo lo que implica de juicio moral, es una tergiversación de la época victoriana.

Se entendía además que esa servidora del templo, a diferencia de la prostituta secular, dominaba la situación y guiaba la conducta del visitante. Ambos recibían los beneficios físicos, espirituales y de potenciación mágica. El cuerpo de la sacerdotisa devenía, en un sentido casi inimaginable para los amantes en el moderno mundo occidental, la puerta literal y metafórica por donde se accedía a la divinidad.16

En actitud, en lo relativo al acto sexual y a la mujer, nada más lejos de la Iglesia por mucho que se modernice. Pues no sólo la llamada prostitución sagrada confería la iluminación espiritual a través del proceso llamado horasis: el hombre que nunca hubiese «conocido» carnalmente a la hieródula no alcanzaba la plenitud espiritual. Por sí solo apenas podía aspirar al contacto extático con Dios o con los dioses; en cambio la mujer no tenía necesidad de una ceremonia similar. Para aquellos paganos estaba naturalmente en contacto con lo divino.

Es posible que la «unción» practicada sobre Jesús simbolizase el acto sexual de la penetración. Pero no es necesario concebirlo en esos términos para entender la solemnidad del ritual; son inevitables las asociaciones con los ritos ancestrales en que las sacerdotisas que representaban a la diosa se preparaban físicamente a fin de «recibir» al hombre elegido para simbolizar al rey sagrado, o al dios salvador. Todas las escuelas mistéricas de Osiris, Tammuz, Dioniso, Attis y los demás incluían un rito —oficiado por sus simbólicas encarnaciones humanas— en que la diosa ungía al dios como acto previo a la muerte real o simbólica de éste, que debía servir para fertilizar una vez más las tierras.

Tradicionalmente, transcurridos tres días y gracias a esa intervención mágica de la sacerdotisa/diosa, él resucitaría y la nación podía respirar aliviada hasta el año siguiente.

(En las representaciones mistéricas la diosa pronunciaba las palabras «se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto», prácticamente idénticas a las que se atribuyen a María Magdalena en el huerto. Volveremos sobre esto con más detalle.)

Más claves sobre el auténtico significado de la unción de Jesús pueden hallarse en el veterotestamentario Cantar de los Cantares (1, 12), donde «la amada» dice «mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su perfume». Y recordando que el mismo Jesús relaciona su unción con la sepultura, el versículo siguiente cobra otro sentido: «Bolsita de mirra es mi amor para mí, que reposa entre mis pechos».

Está clara la relación entre la unción de Jesús y el Cantar de los Cantares.

Muchas autoridades creen que éste fue, en realidad, la liturgia de un ritual de nupcias sagradas, y apuntan a las muchas semejanzas con otras similares de Egipto y de los países del Oriente Próximo.17

Hay una resonancia que llama la atención especialmente; es la que apunta Margaret Starbird cuando escribe:
Versos idénticos y paralelos a los del Cantar de los Cantares se encuentran en el poema litúrgico del culto a la diosa egipcia Isis, la Hermana-Esposa del mutilado [...] Osiris.18
Son complejas las razones de esa unión de la diosa/sacerdotisa con el dios/sacerdote en las nupcias sagradas. En el plano superficial es un rito de fertilidad que debía garantizar la fecundidad personal y la de las tierras del país, lo que aseguraba el futuro de las personas y el de la nación. Pero además, el éxtasis y la intimidad del rito sexual sirven para que la diosa/sacerdotisa confiera la sabiduría a su compañero. En The Sacred Prostitute (1988), Nancy Qualls-Corbett, analista de escuela junguiana, pone mucho énfasis en el vínculo entre la prostituta sagrada y el principio de lo Femenino que simboliza Sophia, la Sabiduría.19

Ya hemos presenciado repetidas apariciones de Sophia en nuestra investigación —la veneraban especialmente los templarios—, y tiene fuertes asociaciones tanto con la Magdalena como con Isis.

La unción de Jesús fue un ritual pagano; la mujer que lo oficiaba, María de Betania, era una sacerdotisa. Con este nuevo planteamiento en mente, parece más que probable que su función en el círculo interior de Jesús fuese el de iniciadora sexual. Pero recordemos que tanto los heréticos como la Iglesia católica han creído durante mucho tiempo que María de Betania y María Magdalena eran la misma persona: en esa figura de la iniciadora sexual tenemos por fin el motivo que nos faltaba para la confusión en cuanto al verdadero papel y significación de la Magdalena en la vida de Jesús. Porque Sophia es en efecto la Prostituta, que también es la «Muy Amada» de las nupcias sagradas, y que es María Magdalena, la Madona negra e Isis.20

La sexualidad sacra implícita en la Gran Obra de los alquimistas equivale a la continuación directa de esa antigua tradición en la que el rito sexual confiere la iluminación espiritual, e incluso una transformación física. Porque después de la experiencia suprema con la diosa/sacerdotisa, el dios/sacerdote queda tan cambiado que tal vez no le reconocerá nadie, y habrá «resucitado» a una nueva vida.

Es de resaltar, como lo han hecho Nancy Qualls-Corbett y otros comentaristas recientes,21 que los evangelios gnósticos retratan a María Magdalena como iluminadora, María Lucifer la que trae la luz, la que confiere la iluminación por medio de la sexualidad sagrada. Lo cual unido a nuestras conclusiones sobre María de Betania parece indicar que ella y Magdalena eran efectivamente la misma mujer.

Este planteamiento también corrobora la idea de que María fue la esposa de Jesús, si aceptamos una redefinición esencial de esa palabra. Era su pareja en un matrimonio sagrado, lo cual no es necesariamente un emparejamiento de amor. En este sentido es interesante la consideración del Cantar de los Cantares como la liturgia de un matrimonio sagrado, tan vinculada siempre por la tradición a María Magdalena.

La sexualidad sacra —anatema para la Iglesia de Roma— encuentra sus expresiones en el concepto de matrimonio sagrado y «prostitución sagrada», en los antiguos sistemas orientales del taoísmo y el tantrismo, en la alquimia.

Como dice Marvin H. Pope en su exhaustivo trabajo sobre el Cantar de los Cantares (1977):
Entre los himnos tántricos a la Diosa hallamos algunos de los paralelismos más sugerentes con el Cantar de los Cantares.22
Y como explica Peter Redgrove en The Black Goddess (1989) al comentar las artes sexuales del taoísmo:
Es interesante la comparación con las prácticas sexuales de las religiones del Oriente Próximo y las imágenes que hemos heredado de ellas. Mari-Ishtar, la Gran Prostituta, ungió a su consorte Tammuz (con quien se identificó a Jesús), en virtud de lo cual hizo de él un Cristo. Con ello preparaba su descenso a los infiernos, de donde regresaría cuando ella le llamase. Ella, o su sacerdotisa, recibía el nombre de Gran Prostituta porque ése era un rito sexual de horasis, por cuyo orgasmo integral el consorte sería transportado al continuum visionariamente cognoscible.

Y era un rito de paso, del que él regresaría transformado. Por eso mismo dijo Jesús que María Magdalena le había ungido para la sepultura. Sólo las mujeres podían oficiar estos ritos en nombre de la diosa, y por eso no veló la tumba ningún hombre, sino sólo María Magdalena y sus mujeres. Un símbolo principal de la Magdalena en el arte cristiano fue la ampolla del crisma: signo externo del bautismo interno que experimentaba el taoísta [...].23
En esto de la crismera o recipiente del óleo que usó la Magdalena para ungir a Jesús hay otro aspecto importante. Como se ha reiterado, según los evangelios era de nardos, un perfume excepcionalmente caro. Y la razón de ese precio elevado era que se importaba de la India, es decir de la cuna de las ancestrales artes sexuales del tantrismo. Y la tradición tántrica asigna diferentes perfumes y óleos a las distintas partes del cuerpo: el de nardo era para el cabello y para los pies...

En la epopeya de Gilgamesh se les dice a los reyes sacrificiales: «La prostituta que te ungió con aceite fragante llora por ti ahora», y también usaban una frase parecida a los misterios de Tammuz, otro dios que muere y cuyo culto estuvo muy extendido en Jerusalén hacia la época de Jesús.24 En cuanto a los «siete diablos» que supuestamente Jesús expulsó de la Magdalena, quizá cobrarían otro sentido si los consideramos como los siete Maskin nacidos de la diosa Mari, que eran los siete espíritus sumerio-acadios regidores de las siete esferas sagradas.25

En la tradición del matrimonio sagrado, era la prometida del rey sacrificial, la Suma Sacerdotisa, quien elegía el momento de su muerte, la que asistía a su entierro y aquella cuya magia lo sacaría de los infiernos para llamarlo a una nueva vida. En la mayoría de los casos, naturalmente, esta «resurrección» sería puramente simbólica y se manifestaba en la renovación biológica primaveral, o como en el caso de Osiris, en el desbordamiento anual del Nilo que renovaba la fertilidad de las tierras.

De manera que podemos considerar la unción efectuada por María Magdalena como las dos cosas que era: el anuncio de que había llegado la hora del sacrificio de Jesús, y la selección ritual del rey sagrado, en virtud de su propia autoridad como sacerdotisa. Que esa función sea diametralmente opuesta a la que le ha asignado tradicionalmente la Iglesia, a estas alturas no sorprenderá mucho.

En nuestra opinión la Iglesia católica nunca quiso que sus fieles conocieran la verdadera relación entre Jesús y María, y por eso los evangelios gnósticos no se incluyeron en el Nuevo Testamento, y muchos cristianos ni siquiera saben que aquéllos existen. Pero cuando rechazó los muchos evangelios gnósticos y decidió incluir únicamente los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan en el Nuevo Testamento, el Concilio de Nicea no tenía ningún mandato divino para esa gran campaña de censura. Actuaba obedeciendo a su propio instinto de conservación, porque para entonces, siglo IV, el poder de la Magdalena y de sus seguidores se había extendido demasiado y el patriarcado no tenía una batalla fácil.

De acuerdo con ese material censurado, descartado deliberadamente para impedir que se conociera el verdadero panorama, Jesús confirió a la Magdalena el título de «Apóstol de Apóstoles» y «Mujer que sabe todo». Anunció que sería exaltada sobre todos los demás discípulos y que ella regiría el inminente Reino de la Luz. Como hemos visto, también la llamaba María Lucifer, «la que trae la luz», y se asegura que resucitó a Lázaro de entre los muertos por amor a ella y nada más, porque no podía negarle nada.

El Evangelio de Felipe, de los gnósticos, describe cómo la aborrecían los demás discípulos y en particular Pedro quiso disputarle la situación privilegiada cerca de Jesús... incluso en una ocasión le preguntó con bastante ingenuidad por qué la prefería a los demás y siempre la besaba en la boca.

En el Evangelio de María, de los gnósticos, dice que Pedro la odiaba a ella y a «todo el género femenino», y el Evangelio de Tomás atribuye a Pedro la exclamación «dejad que se vaya María y nos deje, que las mujeres no merecen vivir».

Un anticipo de la dura batalla que estaba por venir entre la Iglesia de Roma, fundada por Pedro, y la heterodoxia sumergida, que era toda de María. (Será instructivo recordar que todo comenzó como el choque personal entre dos individualidades, una de las cuales era la consorte de Jesús.)

Significativamente, el gnóstico Evangelio de Felipe (que describe expresamente a la Magdalena como compañera sexual de Jesús) abunda en alusiones a uniones entre el hombre y la mujer, entre la Esposa y el Esposo. La iluminación última se simboliza por los frutos de la unión entre el Esposo y la Esposa, siendo éste Jesús y la consorte Sophia, cuyo embarazo es el advenimiento de la gnosis.26 (Es interesante, por cierto, que incluso los evangelios canónicos citan con frecuencia a Jesús refiriéndose a sí mismo como «el Esposo».) También el Evangelio de Felipe asocia claramente a María Magdalena con Sophia.27

Este evangelio gnóstico relaciona cinco ritos de iniciación o sacramentos: bautismo, crisma (unión), eucaristía, redención... y el alto de todos, «la cámara nupcial».
El crisma es superior al bautismo [...] y Cristo recibe este nombre a causa del crisma [...]. El ungido lo posee Todo, posee la resurrección, la luz, la Cruz, el Espíritu Santos. El Padre se lo dio todo en la cámara nupcial.28
Si el rito sacramental del crisma era superior al del bautismo, esto implica por parte de María una autoridad superior a la de Juan el Bautista. Pero tal vez sea más significativo todavía que según el Evangelio de Felipe, al seguir este sistema no sólo Jesús sino todos los gnósticos devienen «Cristos» por medio de la unción. Y el sacramento más alto era el de la «cámara nupcial», nunca explicado, y que sigue siendo un misterio para los historiadores. No obstante, a la luz de esta investigación podemos aventurar una conjetura: ciertamente las palabras del pasaje encierran una clave acerca de la verdadera naturaleza de la relación entre Jesús y María.

Como hemos mencionado, a ésta la llaman en los evangelios gnósticos «la mujer que sabe Todo», y aquí se nos dice que «el ungido lo posee Todo». En el Evangelio de Felipe apostilla sin rodeos:
«Para que entendáis el poder que tiene la unión no profanada.»29
El libro gnóstico Pistis Sophia, del siglo III, continúa las que dice ser enseñanzas de Jesús doce años después de su resurrección. Aquí la Magdalena aparece en el papel arquetípico de catequista y le interroga para que revele su sabiduría... exactamente como la Shakti o diosa oriental interroga ritualmente a su divino consorte. Es de notar que Jesús en el Pistis Sophia le confiere a María el mismo tratamiento de «Amantísima» que usaban aquellas diosas y dice las fórmulas que utilizaban los consortes del matrimonio sagrado.

La intimidad entre Jesús y María conlleva otra consecuencia profunda. Al comparar la relación entre ellos y la de Jesús con sus discípulos apenas queda duda en cuanto a quien conocía verdaderamente sus ideas, sus pensamientos y sus secretos. Con frecuencia se nos describe a los discípulos varones como algo cortos de entendederas. Una y otra vez se nos dice «pero ellos no lo entendieron»; no mueve a entusiasmo, que digamos, esa falta de comprensión por parte de los hombres destinados a fundar la futura Iglesia.

Es verdad que según los Hechos de los Apóstoles cayó luego sobre ellos el fuego del Espíritu Santo que les confirió algunos poderes y sabiduría, pero los evangelios gnósticos dicen bien claro quién era la discípula que no precisaba de tal intervención celestial.

Según el material censurado fue la Magdalena quien después de la Crucifixión reunió a los consternados discípulos, y con el poder de sus elocuentes palabras les devolvió la fe en la causa cuando ellos parecían más que dispuestos a abandonarla. Claro es que ella había visto con sus propios ojos a Jesús resucitado, pero una vez más nos quedamos con la curiosa sensación de la falta de fe, de valor y de motivación por parte de ellos, en comparación con ella.

¿Sería posible que los Doce no hubiesen sido en realidad el círculo interior de los seguidores de Jesús, sino únicamente los más leales de entre los devotos no iniciados? Considerándolo respectivamente, asombra la ignorancia en que estaban.

Por ejemplo, y aunque la muerte y la resurrección de Jesús eran la quintaesencia de su misión, su razón de ser, ellos nunca previeron tales sucesos, «pues no habían entendido aún la Escritura según la cual Jesús tenía que resucitar de entre los muertos».30

Fueron María Magdalena y las mujeres que la seguían quienes acudieron a la tumba. Tal vez sus palabras al jardinero —en realidad, Jesús resucitado—diciendo que se habían llevado al «Señor» y que «no sabía dónde lo habían puesto» significaban que, lo mismo que los hombres, ignoraba lo sucedido. Pero hay poderosas razones para considerar esas palabras como reveladoras de que estaba en el secreto de unos misterios interiores, de los cuales tal vez era sacerdotisa. Con toda probabilidad María Magdalena fue la consorte de Jesús y la primera entre los Apóstoles, y también parece probable que su función incluyese otra significación ritual más antigua y pagana. 

Normalmente se interpreta que los hombres no acudieron a la tumba de Jesús porque en aquellos tiempos los hombres no hacían esas cosas. Pero a juzgar por el aturdimiento y apatía en que habían caído los discípulos después de la Crucifixión según el relato de los gnósticos, su ausencia no se debió sólo a motivos de decoro. En la tradición de los misterios, cumplía exclusivamente a la sacerdotisa el proclamar el punto culminante del sacrificio, la resurrección milagrosa del rey. 

No obstante, y aun admitiendo que la unción, la muerte y la resurrección de Jesús guardan obvias semejanzas con las tradiciones paganas de la época, queda la pregunta de si era posible que un predicador judío se aviniese a intervenir en semejante representación. Pues aunque sí parece que la Magdalena había participado en cultos del tipo de la prostitución sagrada, ¿qué razones podía tener Jesús para dar la espalda a muchos siglos de arraigada tradición judaica? ¿Es verosímil que él, precisamente, tomase parte en un rito pagano?

La misma pregunta nos plantea una posibilidad hasta aquí inimaginable. Como hemos visto la realidad en cuanto a Jesús y su misión tal vez era muy diferente de cuanto ha enseñado la Iglesia. Aunque nos limitemos a deponer momentáneamente la incredulidad para considerar qué pasaría si la hipótesis anteriormente apuntada fuese cierta, no hay más remedio que encarar un panorama totalmente nuevo.

Qué pasa si Jesús fue oficiante de unas nupcias sagradas y, por tanto, participante voluntario en un rito pagano. Qué pasa si María Magdalena era la suma sacerdotisa de un culto a la diosa y por lo menos espiritualmente, igual a Jesús. Y qué pasa si en realidad Pedro y los demás discípulos varones no formaban parte del círculo interior de aquel movimiento.

Pero aún nos queda otra pregunta que formularnos: una vez considerada esta situación tan radicalmente inédita, aunque sólo sea como hipótesis, ¿qué clase de hombre pudo ser el que ocupaba el lugar central de ese panorama? ¿Quién era el auténtico Jesús?
por Lynn Picknett y Clive Prince
del Sitio Web Scribd

JUAN EL CRISTO 2ª




Otro episodio viene a subrayar el hecho de que la popularidad de Juan era, si acaso, mayor que la de Jesús. Sucede hacia el final del ministerio de éste, cuando predica a la multitud en el Templo de Jerusalén.25 «Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo» buscan polemizar con él en público y le plantean preguntas capciosas con intención de atraparlo, cuestiones que Jesús elude con habilidad de consumado político. Cuando le invitan a manifestar de quién ha recibido autoridad para hacer lo que hace, Jesús replica con otra pregunta: el bautismo de Juan, ¿era del cielo o era de los hombres?

Los adversarios se toman su tiempo para pensarlo:
Ellos se hicieron este razonamiento:
«Si decimos que del cielo, nos dirá: Entonces, ¿por qué no creísteis en él? y ¿cómo vamos a decir que de los hombres...? Temían al pueblo, porque todos tenían a Juan como verdadero profeta.

Ante este dilema, declinan contestar.
Lo significativo de este diálogo es que Jesús utiliza contra los sacerdotes el miedo de éstos a la popularidad de que disfrutaba entre la multitud Juan, no él mismo. Como hemos visto, también Josefo subrayó la gran influencia y el seguimiento que tenía Juan entre el pueblo; es obvio que el Bautista no fue un predicador itinerante cualquiera, sino un dirigente de gran carisma y poder que, por las razones que fuese, tenía numerosos seguidores. O lo que dice Josefo, que tanto judíos como gentiles «se conmovían grandemente al escuchar sus enseñanzas».

Hay un curioso episodio en el evangelio apócrifo llamado Libro de Santiago o Protoevangelio, según el cual Juan era importante por derecho propio.26 Aun admitiendo que este evangelio se recopiló en época relativamente tardía y trae muchos sucesos de la infancia de Jesús que nadie toma en serio, es evidente que incluye materiales de distintas fuentes y por tanto, sugiere algunas deducciones acerca de tradiciones conocidas. Quien lo escribió seguramente no conocía los Evangelios canónicos, pues en tal caso habría sido una invención descabellada.

En este relato de las infancias de Jesús y de Juan, y después de la conocida narración del nacimiento de Jesús y la visita de los Sabios de Oriente, Herodes dispone la matanza de los inocentes. Hasta aquí todo parece idéntico a la versión del Nuevo Testamento, pero luego emprende una dirección totalmente distinta.

Cuando María se entera de la matanza su reacción consiste, sencillamente, en ponerle pañales al niño y esconderlo en un pesebre para bueyes. Para que no lo encuentren los soldados, es de suponer, pero resulta que es Juan el que buscan. Leemos que Herodes envía a sus alguaciles para que interroguen a Zacarías, el padre de Juan, pero éste ignora donde están su mujer y su hijo.

Herodes montó en cólera y exclamó: Ese hijo será el rey de Israel.

En esta versión es Isabel la que se refugia en los montes con Juan. Se insinúa aquí un evidente paralelismo, o tal vez incluso una «Sagrada Familia» rival. 

Como hemos dicho, Juan tenía un multitudinario seguimiento popular, mientras que el movimiento de Jesús consistía en un círculo de discípulos que lo acompañaban a todas partes, y gentes del pueblo que se acercaban a escuchar sus palabras. Y también como en el caso de Jesús, después de la muerte de Juan sus discípulos se pusieron a escribir la crónica de su vida para enseñar lo que eran a todos los efectos, unas Escrituras de Juan.

Los eruditos admiten que ese cuerpo de «libros de Juan» existió... antaño, pero nosotros no lo tenemos. Es posible que fuese destruido, o guardado en secreto por los «herejes». En cualquier caso, debía de contener algún material que no concordase con lo que dice de Juan y Jesús el Nuevo Testamento, ya que de lo contrario se habría conservado en alguna forma y sería conocido.

Lo que dice Lucas sobre la concepción «simultánea» de Jesús y de Juan, es muy interesante. Los estudiosos analizaron el relato y han establecido más allá de toda duda que es, en realidad, una refundición de dos narraciones distintas, la que cuenta la concepción de Juan y la de Jesús, unidas (como postula Kraeling) «por una argamasa de materiales básicamente desvinculados de ambas».27

Dicho de otro modo, Lucas (o la fuente que éste manejase) tomó dos historias distintas y trató de unirlas mediante el artificio literario de la conversación entre las dos futuras madres, Isabel y María. La conclusión lógica es que el relato de la infancia de Juan era, en principio, ajeno al Evangelio, y probablemente anterior a la historia de la Natividad de Jesús. De donde resultan varias consecuencias importantes.

Una de ellas, que circulaban ya relatos tocantes a la biografía de Juan. Otra, que Lucas concibió expresamente su versión de la Natividad con intención de «mejorar» la que circulaba acerca de Juan; al fin y al cabo, el «milagro» de la concepción de éste sólo consistió en que sus progenitores eran de edad avanzada: en cambio Jesús según Lucas es hijo de una virgen. Y el único motivo que podía tener Lucas para montar semejante progresión dramática es que el seguimiento de Juan aún existía y rivalizaba con el de Jesús.

Esto lo corrobora otro hecho demostrado por los eruditos... pero que sigue siendo desconocido para la mayoría de los cristianos, que la popularísima alabanza de María, el Magnificat, en realidad es la de Isabel y se refiere a su hijo.

Las palabras del «cántico» establecen la relación con Ana, el personaje del Antiguo Testamento que tampoco tuvo hijos hasta edad avanzada, de modo que se ajusta más a la Situación de Isabel. Y de hecho algunos manuscritos antiguos del Nuevo Testamento dicen que el cántico es de Isabel; hacia 170 Ireneo, un Padre de la Iglesia, dice que fue ella quien las pronunció, y no María.28

Continuando con los paralelismos, en la ceremonia de la circuncisión de Juan, su padre Zacarías pronuncia una «profecía», o himno en elogio de su hijo recién nacido. Es lo que llamamos el Benedictus.29 Es evidente que éste debía de formar parte del relato originario de la natividad de «Juan el Bautista». El Magnificat y el Benedictus pueden ser dos himnos diferentes en loor de Juan, incorporados a un «Evangelio de Juan» que luego debió de ser adulterado por Lucas para hacerlo más agradable a los seguidores de Jesús. Lo cual indicaría que las gentes no sólo escribieron narraciones de la vida de Juan sino que además le elogiaban en verso y música.

Pero ¿es de creer que estas tradiciones acerca de Juan suministrasen a los autores de los Evangelios, que sobrevinieron después, materiales en los que basaron los relatos de la vida de Jesús? Como dice Schonfield en Essene Odyssey:
A los cristianos, la relación con los seguidores de Juan el Bautista [...] les dio conocer los relatos de la Natividad de Juan en los que éste figura como el Mesías niño de las tradiciones sacerdotales, nacido en Belén.30
Por otra parte, los textos antiguos de la Iglesia conocidos como las Recognitiones clementinas afirman taxativamente que algunos de los discípulos de Juan creyeron que éste era el Mesías.31 En el mismo sentido de que los seguidores de Juan creyeron que era el Mesías apuntan, según Geza Vermes, algunos episodios de los Evangelios y de los Hechos.32

El convencimiento de que existió lo que podríamos llamar «los libros de Juan» aporta una respuesta a los muchos problemas que plantea el cuarto Evangelio, el atribuido al discípulo Juan. Ya hemos mencionado que contiene varias contradicciones internas este Evangelio. Aunque es el único que se dice basado en un testimonio presencial —pretensión sustentada por la minuciosidad de los detalles que ofrece el texto—, contiene muy notorios elementos gnósticos que chocan con los demás Evangelios y con el tono distante del libro mismo, observable sobre todo en el «prólogo», que es un tratado breve sobre Dios y el Logos.

El Evangelio de Juan es el más rabiosamente antiBautista de todos, pero también el único que contiene el reconocimiento expreso de que Jesús reclutó a sus primeros discípulos de entre los seguidores de Juan... sin exceptuar al supuesto autor y testigo ocular, el mismo «discípulo predilecto».33

No obstante, dichas contradicciones no invalidan necesariamente el Evangelio. Está muy claro que el autor recopiló tomando de varias fuentes, entretejidas e interpretadas con arreglo a lo que él mismo creía acerca de Jesús, y reescribiendo parte del material donde le pareció necesario. Quienquiera que fuese el autor, se diría que desde luego el Evangelio contiene el testimonio de primera mano del «discípulo predilecto». Pero muchos de los más prestigiosos especialistas en el Nuevo Testamento opinan que el autor utilizó también algunos de los textos escritos por seguidores del Bautista, a quien, según Edwin Yamauchi, gran autoridad en estudios sobre el Próximo Oriente, «el cuarto evangelista [...] desmitologizó y cristianizó».34

Este material del Bautista estaría formado, principalmente, por el prólogo y lo que se conoce como «revelaciones de Jesús a los discípulos». El gran especialista bíblico alemán Rudolf Bultmann dice que eran:
[...] según se cree, documentos originarios de los seguidores de Juan el Bautista que exaltaban a Juan y le asignaban, en principio, la misión de Redentor enviado por el mundo de la Luz. De acuerdo con esto, buena parte del Evangelio de Juan no fue cristiano en origen, sino que resultó de la transformación de una tradición del Bautista.35
Observemos que estos elementos del Evangelio de Juan son los más gnósticos, de ahí que hayan originado las mayores dificultades para los historiadores, en lo que se refiere a este Evangelio. Por discrepar tanto estos elementos de la teología de los demás Evangelios así como del resto del Nuevo Testamento, con frecuencia se ha supuesto que ese libro era bastante más tardío. Pero el panorama cambia si admitimos que quizá no proviene de los seguidores de Jesús, sino de otras fuentes. Varios comentaristas han relacionado el cuarto Evangelio con una «fuente gnóstica precristiana» que hubiese sido adaptada por el autor de aquél. En esa fuente se quiere ver a Juan el Bautista y a sus seguidores, quienes según eso fueron también gnósticos.

(Estos descubrimientos podrían resolver la controversia sobre la datación del Evangelio de Juan. Como hemos mencionado, durante mucho tiempo prevaleció la opinión de que, a tenor de los materiales gnósticos y otros no judaicos, debió de escribirse después de los Sinópticos. Pero si Jesús no fue judío, y si una buena parte del material deriva de los seguidores de Juan el Bautista, supuesto que éstos fuesen gnósticos, sería bien posible que este Evangelio fuese contemporáneo de los demás o incluso anterior a ellos.)

No sólo Juan tuvo seguidores numerosos y devotos mientras vivió, sino que el movimiento siguió creciendo después. Nuevo y curioso paralelismo con la cristiandad, pues hay indicios de que había llegado a ser toda una Iglesia por derecho propio, y no confinada a Palestina.

En 1992 A. N. Wilson escribió en su libro Jesus:
Si la religión de Juan el Bautista [y ahora sabemos que la hubo] hubiera llegado a ser el culto predominante de la región mediterránea, y no la religión de Jesús, probablemente conoceríamos mejor a ese sorprendente personaje. Ese culto sobrevivió por lo menos hasta el año 50 y tantos, como ingenuamente nos hace saber el autor de los Hechos [...]. En Éfeso se creyó que «El Camino» (como llamaban a la religión de esos primitivos creyentes) consistía en seguir «el bautismo de Juan» [...]. Si Pablo hubiera tenido un carácter menos enérgico [...] o no hubiese escrito tantas epístolas, bien habría podido suceder que fuese el «Bautismo de Juan» la religión que captó la imaginación del mundo antiguo, como lo hizo en realidad el Bautismo de Jesús y el culto habría seguido evolucionando, de tal manera que sus seguidores actuales, a quienes tendríamos que llamar juanistas, o baptistas, creerían [...] en la naturaleza divina de Juan [...]. Pero ese accidente de la Historia no sucedió.36
Así que incluso el Nuevo Testamento describe la existencia de la Iglesia de Juan fuera de las fronteras de Israel. Lo cual comenta Bamber Gascoigne:
El grupo que se encontró Pablo en Éfeso proporciona un intrigante atisbo sobre esa posible religión en vías de desarrollo [...] pero Pablo tuvo buen cuidado de ahogarla en germen.37
Ese grupo era la Iglesia de Juan, naturalmente. Su propia existencia como entidad separada después de la muerte de Jesús da a entender que Juan nunca predicó que «detrás de él» vendría otro más grande, o si lo hizo, quizá no pensó que el sucesor iba a ser Jesús. Desde luego cuando los seguidores de Juan hablaron con Pablo no parece que tuvieran ni idea de semejante profecía.

Y no eran una secta insignificante. Ha sido descrita como «un culto internacional»,38 y se extendía desde el Asia Menor hasta Alejandría. Los Hechos de los Apóstoles consignan que la religión de Juan fue llevada a Éfeso por un alejandrino llamado Apolo. Que ésta sea la única mención de Alejandría en todo el Nuevo Testamento invita a desconfiar.

Así pues, Juan el Bautista tuvo un seguimiento numeroso y distinto, que le sobrevivió formando una verdadera Iglesia. Siempre se ha dado por supuesto, sin embargo —como lo hace A. N. Wilson en el comentario citado anteriormente— que ésta quedó muy pronto subsumida en la cristiana. Es verdad que algunas de sus comunidades, como las visitadas por Pablo, fueron absorbidas por el movimiento de Jesús; pero hay fuertes indicios de que la Iglesia de Juan sobrevivió. 

Pero ese conjunto de indicios tiende a destacar el papel de un personaje que parecería muy fuera de lugar en este drama, a primera vista, y tanto que en toda la Historia del cristianismo ha sido vilipendiado como «padre de todas las herejías» y nigromante de la peor especie. E incluso prestó su nombre a un pecado: el de querer comprar el Espíritu Santo, la simonía. Nos referimos, naturalmente, a Simón el Mago.

A diferencia de María Magdalena y Juan el Bautista, los otros dos personajes principales que venimos comentando, nadie dirá que Simón el Mago fuese marginado de la crónica cristiana primitiva, ya que tiene en ella un lugar bien destacado. Sólo que denunciado inequívocamente como un pérfido, como el hombre que pretendió emular a Jesús, el que en un momento dado se infiltró en la incipiente Iglesia para espiar sus secretos... hasta que fue desenmascarado por los apóstoles, según era de esperar.

Llamado a veces «el primer Hereje», a Simón el Mago suelen tratarlo como un caso sin redención. Los motivos de ello los indica el hecho de que gnóstico era sinónimo de herético para los primeros Padres de la Iglesia, y Simón fue gnóstico (aunque no el fundador del gnosticismo como ellos creían).

La aparición de Simón en el Nuevo Testamento es breve (Hechos de los Apóstoles 8, 9-24). Significativamente, es un samaritano, quien según el libro de los Hechos asombraba a Samaria con sus magias; pero cuando predicó allí el apóstol Felipe quedó tan impresionado que se hizo bautizar. Lo cual resultó ser un ardid con la intención de ver cómo se confería el Espíritu Santo mediante la imposición de manos. Ofrece dinero a Pedro y a Juan para recibir ese poder, lo cual tropieza con una enérgica reprimenda. Temiendo por su alma, Simón se hace atrás, se arrepiente y les suplica que recen por él.

Pero los primeros Padres de la Iglesia conocían bien a ese personaje, y lo que cuentan de él no va de acuerdo con la sencilla moraleja de los Hechos.39 Era un oriundo de la aldea de Gitta y cobró fama por sus habilidades de mago (de ahí el sobrenombre). Durante el reinado de Claudio (41-54 d.C., es decir a unos diez años de la Crucifixión), estuvo en Roma, donde recibió honores de dios y le consagraron incluso una estatua. Entre los samaritanos ya estaba reconocida su naturaleza divina.

Simón el Mago viajaba con una mujer llamada Helena, ex prostituta de la ciudad fenicia de Tiro, a quien llamaba la Primera Noción (Ennoia) y la Madre del Todo. Lo cual responde a las ideas gnósticas:
enseñaba que el primer pensamiento de dios había sido una entidad femenina —como la figura judía de la Sabiduría/Sophia que hemos comentado—, y luego fue ella la que creó los ángeles y otros semidioses que son los dioses de este mundo. Ellos crearon la Tierra siguiendo las instrucciones de ella, pero luego se rebelaron y la encarcelaron en la materia, en el mundo sensible. Así estaba atrapada en una sucesión de cuerpos femeninos (entre los cuales el de Helena de Troya), sufriendo humillaciones cada vez más insoportables, hasta recalar como prostituta en la ciudad portuaria de Tiro. Pero no todo estaba perdido porque Dios también se había encarnado en la figura de Simón. Él la buscó y la redimió.
El concepto de un sistema cosmológico que abarca una serie de planos y mundos superiores e inferiores nos resulta ya familiar: aunque los detalles concretos varían, es la creencia común de los gnósticos que todavía influyó a los cátaros de la Edad Media, y la que constituye el sustrato de la cosmología hermética en que se funda el ocultismo occidental, pasando además por la alquimia y la hermética del Renacimiento. También hay paralelismos exactos y sorprendentes con otros sistemas de pensamiento que hemos comentado; el más significativo es el parecido con el gnosticismo copto del Pistis Sophia, donde es Jesús quien acude a la redención de la Sophia atrapada, personaje expresamente vinculado a la Magdalena en dicho texto.40 (También Simón llamaba a Helena su «oveja extraviada».)

La personificación de la Sabiduría como una mujer, y más concretamente una prostituta, también es un tema familiar de esta investigación y la recorre como una especie de hilo oculto. En el caso de Simón, esa encarnación era literal en la persona de Helena.

Como ha escrito Hugh Schonfield:
[...] los simonianos adoraban a Helena como Atenea (la diosa de la Sabiduría), quien a su vez estaba identificada con Isis en Egipto.41
Schonfield también relaciona a Helena con la misma Sophia y con Astarté.

También Karl Luckert retrotrae a Isis el concepto de Ennoia encarnado en Helena según Simón.42 Geoffrey Ashe coincide con ello y añade:
«[Helena] se sitúa en el mismo recorrido de retorno a la gloria como Kyria o Reina celestial».43
Otra fuente apócrifa cuyo origen se sitúa hacia 185 describe a Helena diciendo que era «negra como una etíope», y que bailaba encadenada. Y agrega:
«Todo el Poder de Simón y de su Dios está en esa Mujer que baila».44
Ireneo escribe que los sacerdotes iniciados por Simón «vivían en la inmoralidad»,45 pero luego nos decepciona no concretando la afirmación. Es bastante obvio, sin embargo, que debieron de practicar ritos sexuales, como revela Epifanio en su monumental tratado Contra la herejía:
Y tomó parte en misterios de obscenidad y [...] derramamientos corporales, emissionum virorum, feminarum menstruorum, a fin de recogerlos en la más repugnante de las despensas para los misterios.46
(G. R. S. Mead, buen victoriano que hizo esa traducción dejándose palabras en latín para no ofender el recato, quiere decir que Simón practicaba la magia sexual con utilización de semen y de sangre menstrual.)

Salta a la vista el miedo que le tuvieron los Padres de la Iglesia a Simón el Mago y su influencia. Todo sugiere que fue un serio peligro para la primitiva Iglesia, lo cual extraña... hasta que nos damos cuenta de lo mucho que Simón el Mago tuvo en común con Jesús.

Los Padres procuran subrayar que, si bien Simón y Jesús hacían y decían casi lo mismo, sin exceptuar los milagros, las fuentes de los poderes del uno y el otro eran bien distintas. Lo de Simón era hechicería maligna, mientras que Jesús recibía el poder del Espíritu Santo. En la práctica Simón venía a ser una parodia satánica de Jesús. Así hallamos en Hipólito, por ejemplo, la rotunda declaración acerca de Simón: «No era Cristo».47

Más revelador aún lo que escribe Epifanio:
Entre los tiempos de Jesús, y nuestros días, la primera herejía fue la de Simón el Mago, y aunque no sea de recibo darle nombre de cristiana, hizo mucho daño por la corrupción que sembró entre cristianos.48
Y más todavía, según Hipólito:
[...] al comprar la libertad de Helena, ofrecía la salvación a los hombres por el conocimiento peculiar que tenía él mismo.49
Otro relato acredita a Simón la capacidad de obrar milagros, como convertir las piedras en panes. (Tal vez eso explica la tentación de Jesús cuando se le ofreció ese mismo poder, lo cual rechazó. Pero más adelante se nos cuenta que alimentó a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, que viene a parecerse bastante.)

Jerónimo cita de una de las obras de Simón:
Yo soy la Palabra de Dios, el glorioso, el Paracleto, el Todopoderoso. Yo soy la totalidad de Dios.50
Es decir, que Simón proclamaba su propia naturaleza divina y prometía la salvación a sus seguidores. En el libro apócrifo de Hechos de Pedro y Pablo se cuenta un concurso entre Simón Mago y Pedro consistente en resucitar un difunto. Pero Simón sólo consigue reanimar la cabeza, mientras que Pedro domina el truco a la perfección.51 Hay muchos de estos relatos apócrifos de rivalidad mágica entre Simón el Mago y Simón Pedro, aunque todos terminan con el obligado triunfo de los cristianos. Lo que demuestran esas narraciones, sin embargo, es que aquél tuvo tanta influencia que fue necesario idear esos cuentos para contrarrestar su ascendiente sobre las masas.

El Mago no fue un simple hechicero itinerante, sino un filósofo que escribió sus ideas. Obvio es decir que sus libros se han perdido, pero quedan citas bastante extensas de ellos en las obras de los Padres de la Iglesia que polemizaron contra él y lo condenaron. Esos fragmentos revelan con claridad, no obstante, el gnosticismo de Simón y su creencia en dos fuerzas opuestas, pero complementarias, masculina y femenina.

Véase por ejemplo esta cita de su Gran Revelación:
Dos géneros hay de Eones universales [...] el uno se manifiesta desde arriba, que es el Gran Poder, el Numen Universal que ordena todas las cosas, masculino, y el otro por abajo, la Gran Noción, femenina, que produce todas las cosas. Así pues, al emparejarse la una con el otro se unen y manifiestan la Distancia Media [...] en eso está el Padre [...]. 
Él es el que permaneció, permanece y permanecerá, el poder macho-hembra en el Poder sin límites [...].52
Nos parece estar oyendo un eco del hermafrodita alquímico, del andrógino simbólico que tanto fascinó a Leonardo. Pero ¿de dónde provenían las ideas de Simón el Mago?

Karl Luckert 53 retrotrae las «raíces ideológicas» de las enseñanzas de Simón a las religiones del antiguo Egipto, y en efecto parece que reflejan o tal vez incluso continúan esos cultos de una forma adaptada. Y si bien, como hemos visto, las escuelas de Isis/Osiris subrayaban la oposición y la igual naturaleza de las deidades femenina/masculina, a veces se entendió que ambas se fundían en una sola persona y cuerpo, los de Isis. En ocasiones la representaron con barba, o lo atribuyeron las palabras «aunque soy hembra, me he convertido en macho...».

Por lo que concierne a la Iglesia primitiva, el parecido entre las enseñanzas de Simón el Mago y las de Jesús era peligroso: de ahí la acusación de que Simón había intentado hurtar el conocimiento de los cristianos. Eso es una admisión tácita de que sus enseñanzas eran en realidad compatibles con las de Jesús, o incluso formaban parte del mismo movimiento. Las posibles deducciones son inquietantes.

¿Quizá Jesús y María Magdalena practicaron los mismos ritos sexuales que Simón y Helena? Según Epifanio, los gnósticos tenían un libro llamado de las Grandes Preguntas de María, que atesoraba por lo visto los secretos internos del movimiento de Jesús y adoptaba la forma de ceremonias «obscenas».54

Podríamos sentirnos tentados a rechazar esos rumores como parte de la mutua difamación propagandística; pero como hemos visto, hay indicios de que la Magdalena era una iniciadora sexual dentro de la tradición de las prostitutas del templo cuya función consistía en conferir a los hombres el don de la horasis, la iluminación espiritual a través del acto sexual. 

John Romer en su libro Testament clarifica el paralelismo:
La gran prostituta Helena, como la llamaban los cristianos, era la María Magdalena de Simón el Mago.55
Hay además otro vínculo, el de su posible común origen egipcio. Karl Luckert dice de Simón:
En tanto que «padre de todas las herejías», actualmente debe ser estudiado no sólo como adversario sino también como conspicuo rival de Cristo en la primitiva Iglesia cristiana, o según los casos, como un eventual aliado [...].

El hecho de la posible formación común egipcia determina tal vez la intensidad del peligro que representaba Simón el Mago. Y dicho peligro se resume en la posibilidad de que se confundiese a éste con el propio personaje de Cristo [...].56
Luckert ve otro paralelismo estrecho en lo que él postula fue la misión verdadera de los dos hombres. Admite la aparente dicotomía de la predicación de Jesús, si era un mensaje esencialmente egipcio ofrecido a unos oyentes judíos, pero también recuerda la estrecha relación entre la teología hebrea originaria y la de Egipto, por lo que dice de Simón el Mago:
[él] [...] creyó que su misión consistía en rectificar lo que se había desviado, a saber, que toda la dimensión femenina Tefnut-Mahet-Nut-Isis se hubiese escindido de la divinidad masculina.57
Que es precisamente el motivo de la misión de Jesús en Judea, según nuestra hipótesis, y el que le atribuye el Levitikon. La conclusión que saca Luckert de todo esto es que Jesús venció a Simón el Mago acudiendo al recurso extremo de incluir en el panorama su propia muerte. Pero el cariz del asunto cambia por completo si entendemos que la Crucifixión tal vez no causó la muerte de Jesús.

Además de todas las comparaciones que se quiera establecer hay otro hecho inquietante, y para nosotros revelador: que Simón el Mago había sido discípulo de Juan el Bautista. Y no sólo eso, sino que en realidad Juan lo nombró sucesor suyo (aunque, por las razones que veremos en seguida, la sucesión directa no pudo ser).

Esto tiene implicaciones asombrosas. Porque se sabía desde siempre, y no sólo después del martirio de Juan, que Simón era hechicero y que practicaba la magia sexual. No fue el caso del discípulo que usurpa la sucesión una vez el gran guru puritano ha desaparecido de la escena. Juan sin duda conocía las enseñanzas de Simón, y no las desaprobó. Y suponiendo que Simón hubiese formado parte del círculo íntimo de Juan, tal vez aprendió la magia del Bautista... lo mismo que otros discípulos en similar posición. Como Jesús, sin ir más lejos.

He aquí un fragmento de las Recognitiones clementinas del siglo III:
Fue en Alejandría donde Simón perfeccionó sus estudios de magia, en tanto que seguidor de Juan, un hemerobaptista [«el que bautiza de día»: poco sabemos de ese término] por medio del cual entró a tratar de doctrinas religiosas. Juan fue el precursor de Jesús [...]. 
[...] De entre todos los discípulos de Juan el favorito era Simón, pero éste se hallaba ausente de Alejandría cuando murió el maestro, por lo que eligieron a un codiscípulo, Dositeo, para que los dirigiese.58
Este relato aduce también unas razones numerológicas muy retorcidas para justificar por qué Juan tenía treinta discípulos —es de suponer que contando sólo a los del círculo interior—, aunque en realidad eran veintinueve y medio porque al hallarse entre ellos una mujer ésta no contaba completamente como persona. Se llamaba Helena... lo cual es interesante porque, en el contexto, implica que debió de ser la Helena de Simón el Mago y que ésta era también discípula de Juan. Todo eso nos deja una sensación bastante incómoda: ¿si Juan, a quien siempre se ha presentado como una especie de monje anacoreta, un puritano, fue algo muy distinto en realidad?

Cuando Simón regresó de Alejandría, Dositeo le cedió la jefatura de la Iglesia de Juan, aunque no sin resistencia. Una vez más observamos la importancia que cobra en el relato la ciudad de Alejandría, probablemente porque fue donde aprendieron sus artes mágicas los protagonistas principales.

También Dositeo dio origen a una secta que llevó su nombre, y que logró sobrevivir hasta el siglo VI. Según el testimonio de Orígenes:
[...] de entre los samaritanos surgió un tal Dositeo y dijo ser el Cristo anunciado: desde entonces hay dositeanos que dicen tener los escritos de Dositeo y además cuentan hechos suyos, como que no sufrió la muerte, sino que todavía vive.59
En cuanto a los seguidores de Simón, pueden rastrearse hasta el siglo III. Su inmediato sucesor fue un tal Menandro. 
Los dositeanos «adoraban a Juan el Bautista» en tanto que «verdadero maestro [...] de los últimos Días».60 Tanto la secta de Simón como la de Dositeo fueron luego erradicadas por la Iglesia.

Lo que se saca en limpio es que Juan el Bautista no fue el eventual predicador que se manifiesta de manera tumultuosa, sino que encabezaba una organización, y ésta tuvo su base en Alejandría. Por eso los primeros misioneros del movimiento de Jesús tuvieron la sorpresa de tropezarse en Éfeso con una «Iglesia de Juan» que había sido llevada allí por Apolo de Alejandría.

Dicha metrópoli fue también la base de Simón el Mago, sucesor oficial de Juan y conocido rival de Jesús, que además era samaritano. Conviene saber que los cristianos veneraron una supuesta tumba del Bautista en Samaria, hasta que la destruyó en el siglo IV el emperador Juliano. Pero la noticia implica que al menos una tradición antigua relacionaba a Juan el Bautista con esa región. (Tal vez la parábola del Buen Samaritano fue en realidad un hábil intento conciliador de cara a los discípulos de Juan o de Simón el Mago.)

Nada sugiere, por otra parte, que Simón el Mago fuese judío, ni siquiera de Samaria. En sus más virulentos ataques contra él, los Padres de la Iglesia nunca mencionaron que fuese judío, lo cual es particularmente revelador dada la gran virulencia con que se acusó a los judíos, durante siglos, de ser el «pueblo deicida».

Como hemos mencionado, Juan predicaba a los no judíos y atacó el culto del Templo de Jerusalén, es decir el fundamento mismo de la religión judía. Con toda probabilidad tuvo fuertes vínculos con Alejandría... y aún es más significativo que admitiese por sucesor a un gentil. Todo ello implica que el mismo Juan no era judío, y que estaba familiarizado con la cultura egipcia.

Extraña sobremanera que los Padres de la Iglesia primitiva, como Ireneo, retrotraigan los orígenes de las sectas «heréticas» a Juan el Bautista, ¡nada menos! Al fin y al cabo, los evangelistas habían dicho que él inventó el bautismo y que prácticamente sólo vivió para preparar el camino a Jesús. Pero ¿sabían ellos la verdad acerca de Juan? ¿Llegaron a darse cuenta de que no era un precursor sino un enconado rival, que estaba siendo saludado como Mesías por derecho propio? ¿Supieron reconocer el asombroso hecho de que en realidad Juan no fue cristiano en absoluto?

Es verdad que los evangelistas se tomaron su venganza con Juan. Lo reescribieron, y en ese proceso lo «domesticaron» y lo realinearon. De tal manera, quien había sido en tiempos rival y tal vez incluso enemigo de Jesús quedaba representado de rodillas ante éste, reducido a la misión de ínfimo servidor de la divinidad. Eliminaron los auténticos motivos, las palabras y los hechos de Juan, y los reemplazaron por una imagen creada a comodidad de Jesús y su movimiento.

Como pieza de propaganda, ha tenido un éxito descomunal, aunque tal vez debido en parte a que la Iglesia antigua pronto aprendió a reaccionar con el cepo y la hoguera frente a cualquier desafío «herético». La verdad cristiana que hoy recibimos confiados es la herencia de un reinado de terror, tanto como de la misma propaganda evangélica.

A resguardo de la perniciosa influencia de la Iglesia institucionalizada, algunos seguidores de Juan guardaron fielmente su recuerdo como el «auténtico Mesías». Y siguen existiendo aún.
por Lynn Picknett y Clive Prince
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